El discípulo y su respuesta

«Si no hay progreso, la culpa es del discípulo, de su pereza y de su falta de autocontrol. Su pregunta surge de tres falsas presunciones: Que uno debe involucrarse con los demás; que uno puede evaluar a otro y que el progreso del discípulo es tarea y responsabilidad del Gurú. En realidad, el papel del Gurú sólo es instruir y dar ánimos. El discípulo es completamente responsable de sí mismo»

Sri Nisargadatta Maharaj

Este párrafo extraído del capítulo 84 del libro «Yo soy Eso», la relación completa del cual podéis encontrar al final de la entrada, me parece fundamental para entender algunas cosas muy básicas de la búsqueda espiritual. Es habitual encontrar -en los libros y en la vida- a personas que están doblemente perdidas, primero porque no se encuentran a sí mismas y segundo, porque buscan desesperadamente a un Gurú que las ayude a encontrarse, y tampoco lo hallan. Por otro lado, también es habitual que el buscador poco serio o perezoso haga recaer la culpa de su fracaso sobre el Gurú, o en la Masonería, por ejemplo, sobre los maestros de la Logia, o sobre los rituales. A veces es chocante el arsenal de culpables que podemos encontrar cerca, antes de señalar al único que realmente puede o no puede incidir sobre nosotros mismos, y que somos, por supuesto, nosotros mismos.

Y es lógico, porque si la culpa de nuestro bloqueo o incapacidad de avance en el camino fuera del Gurú, o del maestro, igualmente sería mérito suyo nuestro crecimiento. Así, una persona podría modular el ritmo del progreso o no progreso de otra, cosa totalmente absurda porque atentaría contra la responsabilidad de cada uno y nuestro deber para con nosotros mismos.

Igualmente, el Gurú, o el maestro, no es la meta, sino una herramienta, un medio para llegar a un fin, el fin que buscamos. Sri Nisargadatta pregunta a un oyente qué es lo que espera de su Gurú, y éste le responde: «Que su gracia me haga feliz, poderoso y pacífico». Resumiendo, que sea el Gurú quien, con su varita mágica, me ahorre el trabajo y el esfuerzo, asuma mi deber y me regale los beneficios de un proceso que no pienso iniciar porque cansa mucho.

También es habitual encontrar a personas que dedican mucho tiempo y esfuerzo a evaluar a su Gurú, o a los maestros de la Logia, los rituales, la Tradición… y sin embargo, muy poco tiempo y esfuerzo a evaluarse a sí mismos y a darse cuenta de que son ellos quienes no están a la altura. A raíz de esta preocupación sobre la autenticidad o no de los maestros, Nisargadatta aconseja:

«Para ver con claridad su mente debe ser pura y desapegada. Salvo que se conozca bien a sí mismo, ¿cómo puede conocer a otro? Y cuando se conoce a sí mismo, usted es el otro. Deje a los demás tranquilos durante un tiempo y examínese a sí mismo. Hay tantas cosas que no conoce de sí mismo: Qué es, quién es, cómo llegó a nacer, qué hace ahora y por qué, adónde va, cuál es el significado y el propósito de su vida, de su muerte, de su futuro. ¿Tiene usted pasado, tiene futuro? ¿Cómo llegó a vivir en la inquietud y la aflicción, mientras todo su ser ansía felicidad y paz? Estos son asuntos importantes y deben ser atendidos antes que nada. Usted no tiene ni necesidad ni tiempo de descubrir quién es un gnani y quién no».

¿Podemos responder a cada una de esas preguntas? Esto es lo realmente importante y en lo que deberíamos centrarnos, en lugar de juzgar y opinar sobre lo que desconocemos.

«En cierto modo, el Gurú es el mensajero. Habrá muchos mensajeros, pero el mensaje es uno: Sea lo que usted es».

En todas las tradiciones la recomendación siempre es la misma: conócete a ti mismo. Esa es la única pregunta y la única respuesta que vale la pena plantear y descubrir, y realmente nadie puede hacerlo por ti. Puedes encontrar ayudas, por supuesto, personas con quien compartir, de quien aprender, encuentros significativos que aporten claridad y nos ayuden a ser conscientes de la maraña de pensamientos que pensamos que somos. Pero nadie puede andar tu camino por ti.

Siempre me ha impresionado lo que cuenta Sri Nisargadatta Maharaj de cómo se iluminó. Explica que no hizo nada especial, que, simplemente, obedeció a su Gurú y le creyó cuando éste le dijo: «tú eres la Identidad Suprema». Qué simple y a la vez, qué difícil, ¿verdad?

Por supuesto, eso implica una entrega absoluta no a una idea, sino a una realidad. Y, también, consecuentemente, la pérdida de lo que pensamos que somos y de aquello con lo que nos identificamos. La muerte del ego, de ese yo pequeño que se ha enseñoreado de casi todo. Eso es ser serio, y la seriedad es condición indispensable del crecimiento interior.

«Por supuesto, cuando hay entrega total, cuando hay una renuncia total a todo interés por nuestro pasado, presente y futuro, a todo interés por nuestra seguridad física y espiritual y por nuestra posición, entonces amanece una nueva vida, llena de amor y belleza; entonces el Gurú ya no es importante, puesto que el discípulo ha roto el caparazón de la autodefensa. La completa entrega es en sí misma liberación».

Porque, ¿qué es un Gurú? La respuesta no es lo que imaginamos. No siempre hace falta irse a la India para encontrarlo. De hecho, el principal Gurú, nuestro maestro más eficaz, está en nuestro interior y somos nosotros mismos. En el Reiki, el tercer nivel es denominado Maestro Interior y de hecho, el maestro nunca lo es por su acción sobre los demás, sino sobre sí mismo.

«Usted nunca está sin Gurú, puesto que él está siempre presente en su corazón. Algunas veces él se exterioriza y llega a usted como un factor elevador y reformador de su vida, una madre, una esposa o un maestro. Lo único que debe hacer es obedecerle y hacer lo que le dice. Lo que él quiere que usted haga es sencillo, aprenda a ser consciente de sí, a autocontrolarse, a entregarse a sí mismo. Puede parecer arduo, pero es fácil si usted es serio. Y totalmente imposible si no lo es. La seriedad es a la vez necesaria y suficiente. Todo cede ante la seriedad».

La seriedad, para Nisargadatta, encuentra su cimiento en la compasión por uno mismo y por los demás. Y esa compasión, dice, nace tanto del propio sufrimiento como del de los demás. Luego, ¿es necesario sufrir para conseguir algún avance?

«No necesita sufrir, si es usted sensible y responde a la aflicción de los demás, como hizo Buda. Pero si es usted insensible y sin piedad, su propio sufrimiento lo llevará a plantearse preguntas inevitables».

La seriedad es también seriedad de propósito, claro. Eso de entregarse y renunciar. Y estar dispuesto a perderse, para ganarse.

El capítulo en cuestión termina de una forma esperanzadora:

«Usted se aferra a lo falso porque no conoce lo verdadero. La condición necesaria para la autorrealización es la seriedad, no la perfección. Las virtudes y los poderes llegan con la realización, no antes».

No necesitamos ser perfectos porque lo que buscamos es ser perfectos. Y ya lo somos, pero no lo sabemos.

Seamos serios y llegaremos a la meta, que no es otra cosa que darnos cuenta, ser conscientes de lo que somos, y vivir de acuerdo a ello.

El libro de referencia es: «Yo soy Eso. Conversaciones con Sri Nisargadatta Maharaj», Editorial Sirio, 2017.

La imagen es una foto que vi hace tiempo en Twitter y guardé, pero no tengo la referencia del autor. Muestra a varias muchachas de Zimbabwe aprendiendo a nadar.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Totalmente de acuerdo, buen texto. Mil gracias.

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    1. Gracias a ti por leer y comentar 🙂

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