La prueba del 9 espiritual

La religión, o mejor dicho, la espiritualidad, se ha convertido en un producto más del mercado, que se compra y se vende en internet. El mercado sabe reconocer y explotar las necesidades humanas, e incluso crearlas. Pero en el caso de la espiritualidad, como a la sombra de la entronizada razón y el sacrosanto método científico, nos han querido hacer creer que es algo antiguo, innecesario, un invento de gentes pretéritas ignorantes de todo lo importante, la necesidad de una válvula de escape espiritual es más acuciante que nunca. Estamos huérfanos de conexión con lo trascendente, nos han querido vaciar, hacer olvidar, realmente, lo que somos y lo que hacemos aquí.

La estrategia, está claro, ha sido un fracaso. Porque no se puede borrar algo que existe al margen de nuestra voluntad, nuestras creencias y los dogmas religiosos, políticos y científicos. Lo que sí han conseguido es una gran confusión, un sentimiento de vacío, y que muchas personas se alejen de las tradiciones religiosas propias de su cultura, que por otra parte, no se han molestado en explicar la verdad porque su bandera es el consuelo y la dependencia y no el conocimiento. Alejados de sus propias tradiciones religiosas, muchas personas siguen buscando en otros sitios, en otras tradiciones, escuelas o religiones, llenar ese vacío profundo e inexplicable que sentimos los seres humanos. Y que no se llena con nada de lo que nos da este mundo.

Muchos de esos buscadores tienen suerte y caen en manos de tradiciones y escuelas serias. Pero muchos otros caen en manos de charlatanes, estafadores y montajes fraudulentos pensados solamente para tenerles asustados y dependientes, pagando facturas. Y no me refiero solamente a las sectas, aunque sí especialmente a ellas, pero en un sentido amplio de su definición.

Pienso que hay varias cosas que nos pueden servir, como la prueba del 9, para verificar si esa escuela o tradición a la que nos hemos acercado es auténtica y puede ayudarnos a andar el Camino, o si es un montaje engañoso que no lleva a nada. Algunas de estas «pruebas del 9 espirituales», según mi criterio, serían estas:

Tu «pequeño tú»

Una escuela o tradición auténtica no propondrá como método de crecimiento espiritual dar vueltas a nuestra propia psique, a nuestra pequeña mente de persona con traumas, subconsciente, miedos, etc. Toda práctica, todo conocimiento que conlleve poner en el centro a nuestro «pequeño yo», a nuestra personalidad, con su ego y sus demonios psicológicos, no es de fiar. Puede servirte como terapia de autoayuda, pero nunca te dará nada de valor más allá de ese «pequeño tú». Precisamente, todo crecimiento espiritual conlleva superar ese yo, ser capaz de trascenderlo, no de entronizarlo como rey del mundo, dando vueltas a su alrededor para conocerlo, comprenderlo y justificarlo. Si el sujeto eres tú y el objetivo también gira en torno a ti, sal corriendo.

El esfuerzo

Una escuela o tradición auténtica nunca te dirá que el Camino es fácil, que no requiere esfuerzo ni trabajo, que es algo que se te da por ser tú. Es cierto que en todo lo que tiene que ver con el espíritu hay una parte de don, de gracia, pero siempre el primer paso te corresponde a ti, tienes que darlo tú de forma decidida. Has de comprometerte con la búsqueda de la verdad y asumir lo que ese Camino te exija. Si te dicen que es pan comido, no les crean, buscan algo de ti. Lo que consigues en la práctica sincera y en pago al trabajo sincero es un justo salario, ni más, ni menos. Pero si no estás dispuesto a esforzarte, ni lo intentes. Quédate con los de lo fácil, simple, plano, práctico, sustituible e intercambiable, aunque nunca llegues a nada de valor. Ah, y no te creas que hay atajos… no es verdad, en todo lo importante, y tu potencial espiritual lo es, no existen los atajos.

Ya eres especial

Una escuela o tradición auténtica no te hará creer que tienes que convertirte en alguien especial, que solo algunas personas pueden llegar al crecimiento espiritual y al perfeccionamiento como seres humanos, que no todos pueden iluminarse. Como todas las cosas verdaderamente importantes de este mundo, eso está al alcance de todos los seres humanos, es un objetivo al que todos pueden llegar si realmente quieren hacerlo. Si te dicen que solo un grupo selecto lo consigue y que ellos van a hacerte de ese grupo, sal corriendo. Tú ya eres especial, todos lo somos, y tienes dentro de ti todo lo que necesitas. Una escuela o tradición verdadera potenciará eso y te guiará en el proceso sin imponerte nada, pero nunca te hará creer que eres parte de una élite o que ese es el objetivo.

Intelectuales y eruditos

Una escuela o tradición auténtica que tiene claro que todas las personas están llamadas a ser en este mundo la mejor versión de sí mismos, y que todas pueden llegar a la iluminación, que es darse cuenta de lo que somos realmente y de que ya lo somos, nunca pretenderá convertirte en un intelectual, o en un erudito. Si tu capacidad por crecer espiritualmente se mide en términos intelectuales, sal corriendo de allí porque te están engañando. Leer libros es agradable y ayuda, pero el conocimiento del mundo espiritual puede existir de muchas maneras distintas, la lectura, la escritura, las conferencias, los debates, la facilidad en el uso de la palabra, pueden ayudar, pero no son determinantes. El conocimiento de la verdad es como un rayo que puede alumbrar a todos en un momento dado y que no exige ningún conocimiento intelectual previo. Un académico cargado de títulos puede ser un ignorante en las cuestiones espirituales y en el conocimiento de la realidad, mientras que un hombre del campo casi analfabeto puede ser un maestro.

En este mundo…

Una escuela o tradición auténtica no te hará creer que el crecimiento espiritual o la iluminación tienen que ver con otro mundo. Tú vives en este mundo, es aquí donde todo tiene lugar o no, donde te iluminas o no, donde despiertas o no, donde conoces o no. Vives en este mundo, aunque si realmente aspiras a ese crecimiento, no has de ser de este mundo, no has de dejarte arrastrar por los pequeños dioses de este mundo: éxito, dinero, posición, poder, polémicas, envidas, ambición… estar en este mundo pero no ser de este mundo es algo que recomiendan todas las tradiciones verdaderas, en este sentido. Si pretenden que estés en misa y repicando, sal corriendo.

… Pero sin ser de este mundo

Una escuela o tradición auténtica tampoco te hará creer que la persona que llega a un grado elevado de conocimiento, que roza la iluminación o la ha recibido de alguna manera, es alguien que vive apartado del mundo, de sus problemas y gentes… quizá en una montaña, en un monasterio, en un templo… incluso la persona que ha llegado a un elevado conocimiento de la realidad vive en este mundo y no puede ni debe alejarse de él, porque es en él donde debe ejercer su influencia pacífica, reconfortante, y sobre todo, la transmisión espiritual de lo que sabe y es. El retiro puede ser una ayuda puntual, pero siempre se ha de volver a pisar la calle, el mundo en el que vivimos, sin dejar que se apodere de ti.

La mente ordinaria

Una escuela o tradición auténtica te dirá que tienes las herramientas que necesitas dentro de ti, porque igual que el trabajo debe realizarse en este mundo, la herramienta principal con la que hacerlo es tu mente ordinaria. Es lo que llevas dentro de ti de serie, digamos. Me gusta mucho cómo el zen explica esto. Si no fuera así, habría requerimientos previos que quizá no todas las personas podrían cumplir. En cambio, es nuestra mente ordinaria la que utilizamos para profundizar, para adentrarnos en el silencio y la luminosidad que llevamos dentro. Mente no es solo pensamiento, es mucho más, y es el vehículo que te lleva a donde quieres llegar. De hecho, ya estás ahí, pero no lo sabes.

Dentro, nunca fuera

Una escuela o tradición auténtica te dirá que el Camino eres tú mismo, está dentro de ti, porque tú eres el obrero y la obra. Todo lo que tienes que descubrir, conocer y saborear está dentro de ti, pero no eres tú. Si te hacen buscar fuera, o esperar algo de fuera, algo que alguien vaya a concederte, te están engañando. Solo has de saber que dentro de ti está todo lo que necesitas conocer, y querer descubrirlo. Si te dicen qué hacer, qué pensar, qué decir, qué vas a descubrir exactamente, cómo es, cómo se llama… desconfía… lo que quieres descubrir es tan grande que se escapa a las palabras y conceptos, por eso muchas tradiciones utilizan símbolos o expresiones negativas (inefable, no creado, ilimitado, inmóvil, infinito, inconmensurable) para referirse a ello.

El objetivo

Una escuela o tradición auténtica nunca te dirá que el objetivo de tu crecimiento es la sociedad, o el prójimo. El objetivo de tu crecimiento es tu crecimiento, tampoco puede decirse que eres tú, desde luego, porque ese «tú» debe trascenderse y hacerse conscientes de que no existe «yo» y «tú». El objetivo del conocimiento es el conocimiento mismo. Que en el camino por adquirirlo tú te mejores como ser humano es un interesante efecto secundario ligado al mismo proceso. Que, habiéndote perfeccionado como ser humano, puedas ser de gran ayuda al prójimo con tu ejemplo o con tu guía, también es posible y natural. Pero difícilmente podrás serle de ayuda a alguien si estás desorientado y eres ignorante. Y el trabajo para dejar de serlo es tanto y tan largo, que más vale centrarte en el objetivo y no perderlo de vista. Si por el camino consigues aliviar a alguien, perfecto, pero no quieras convertirte en el salvador de otras personas porque te estás equivocando y puedes hacer mucho daño, puesto que todavía eres ignorante. Si quieren hacerte creer que sí puedes y que es lo que debes buscar, sal corriendo de allí.

Desapego

Una escuela o tradición auténtica no te hará coleccionar conocimientos o experiencias. El objetivo no es la información, sino el Conocimiento, la Sabiduría. Desaprender todos los conocimientos previos suele ser necesario, porque solemos estar apegados a ellos, construimos nuestro armazón en torno a ellos, son una armadura para defendernos y un esqueleto para no venirnos abajo. Cuesta deshacerse de todos esos conocimientos profanos… pero es imprescindible. Si estás en una escuela o tradición que halaga tus conocimientos previos, tus títulos o reconocimientos académicos, tu curriculum profano, harías bien en alejarte porque nada de valor puede ofrecerte. El desapego es una de las principales exigencias del Camino, y se refiere a lo que llevas acumulado en tu mochila, pero también a los nuevos conocimientos y experiencias que puedas vivir. Lo que importa es que seas capaz de vaciar esa mochila, lo que interesa es que te quedes con el resultado de la digestión de todo lo que vayas descubriendo, un poso que, verás, es realmente poco en cantidad, pero denso, profundo, inabarcable en valor, porque es lo que Es.

Hacer como si no se hiciera

Una escuela o tradición auténtica no te hará creer que lo importante es «hacer». Eso es un síntoma de la sociedad en la que vivimos, del conocimiento y la vida profanos. La manía por hacer, por hacer que parece que haces, hacer algo, lo que sea, hacer por hacer, hacer para esto o para aquello, con un objetivo, siempre, en todo momento, no tiene valor en el mundo del espíritu. Todo lo contrario. Una escuela verdadera te aconsejará el camino del «no hacer», no en el sentido de que seas pasivo, impasible, que no te interese lo que ocurre a tu alrededor o en el mundo. Todo lo contrario, porque una escuela verdadera te llevará a aprender qué es la compasión y a querer aliviar el dolor de todos los seres. Pero el hacer por hacer no sirve, y el hacer, simplemente, no es una buena idea en muchos casos, porque estás instalado en la ignorancia y desde ella lo más probable es que empeores cualquier situación. «Hacer» es demasiado importante como para que sea un recurso fácil para todo. Uno se convierte en lo que hace, la verdad no se piensa, se hace. «Hacer» como si no se hiciera, esa es la fórmula, hacer a conciencia, hacer porque no hacer no es opción, hacer sin objetivo, sin juzgar, de forma natural. El «hacer» cotidiano también puede entrar en otra dimensión, puede ser un ejercicio religioso que acerque al despertar, si se hace a conciencia, con atención y concentración. Una escuela o tradición que no te enseña este tipo de «hacer» y que te mantiene apegado al fruto del «hacer», no es verdadera.

Iniciemos la búsqueda

Todos estos puntos son pistas a las que estar atentos, migas de pan que se dejan en el camino y que nos indican si vamos bien para encontrar el centro del laberinto o si lo más probable es que nos perdamos por los atajos. Sinceramente, pienso que las escuelas y tradiciones verdaderas cumplen todas estas pruebas del 9. Para mí, si no cumplen alguna de ellas, son dudosas y es mejor seguir buscando en otro sitio, porque la búsqueda auténtica ya es suficientemente trabajosa como para que nos perdamos en vericuetos que no llevan a nada y que, además, pueden ser claramente perjudiciales.

No podemos perder el tiempo que tenemos, porque es el único del que disponemos para iniciar el Camino y avanzar por él. Aquí y ahora, empecemos con esa búsqueda comprometida y sincera. Y hagámoslo con alguien que pueda al menos señalarnos con certeza el inicio del viaje. Es un viaje que debemos hacer solos, pero que antes de nosotros han emprendido muchos, desde siempre. Les debemos los símbolos, las señales, las migajas que han ido dejando de forma desinteresada para provecho de todos.

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