Estar o no estar

Un amigo que es más explorador que buscador me dice, respecto a la última entrada del blog, titulada «Tenemos, hacemos… ¿Pero somos?«, que echó en falta «una referencia al verbo estar y lo que significaría en la fórmula«. La verdad es que nunca contemplé hablar del verbo «estar» en esa entrada, y cuando él me lo sugirió la primera sensación que tuve era que no terminaba de encajar… Pensé que «ser» lo engloba todo en realidad, pero es cierto que «estar» está más cerca de «ser» que de «hacer» o «tener», así que le dije que le daría una vuelta… y esta es la vuelta.

En castellano tenemos clara la diferencia entre «ser» y «estar». No ocurre igual con otros idiomas, por ejemplo con el to be inglés. Mientras que «ser» atañe a todo lo que somos, es profundo, casi infinito, se extiende en todas las direcciones y también hacia adentro, nos marca y nos hace, pero a la vez, también podemos marcar y transformar lo que somos, el verbo «estar» se mueve más en la superficie, es cambiante, circunstancial, temporal, nos describe en un momento dado, pero no aspira a perdurar.

El tiempo

«Estoy en tal sitio» o «estoy de esta manera», pudiendo significar en este último caso tanto una cuestión física como anímica. Por malo que sea –o por bueno!–, sabemos que seguramente pasará, quizás sus efectos duren más, pero ese «estar así» como estamos ahora, pasará. Ahora pienso que de hecho, el tiempo actúa especialmente sobre el verbo «estar» y menos sobre el verbo «ser». En el ser todo es más lento, seguramente también por eso, más profundo. En eso el verbo «estar» se parece más al verbo «hacer», que también suele referirse a un lapso de tiempo más o menos duradero pero claramente finito.

«Estar» suele conllevar, en muchas ocasiones, una petición. No dices «estoy así» o «estoy en tal sitio» esperando generar una respuesta neutra o una «no respuesta» en quien te escucha, sino que esperas una respuesta activa, quizás solidaria, o simplemente atenta y sinceramente interesada. Eso es así cuando el «estar» se refiere a un lugar, y también, especialmente, cuando se refiere a un estado de ánimo. No decimos «estoy triste» o «estoy feliz» esperando escuchar la nada al otro lado.

El «estar feliz» es muy interesante, porque se diferencia en grado, duración y esencia del «ser feliz». El tiempo, de nuevo, tiene algo que ver, porque «estoy feliz» se refiere a este momento concreto en que lo manifiesto, mientras que «soy feliz» puede durar toda la vida, aunque no necesariamente. Pero sí es un estado que depende de otras cosas y no tanto de la situación concreta y temporal. Si ese «soy feliz» proviene de dentro y no está condicionado por el exterior, puede durar toda la vida, con altibajos seguramente, pero será como un río con una corriente que fluye tranquila y continua, colmada, hasta el mar.

Estar en el otro

El verbo «estar» se vuelve más interesante cuando su efecto se desvía de nosotros hacia otra persona. Me he dado cuenta recordando el libro de Karen Blixen «Daguerrotipos y otros ensayos». Habla en un capítulo de los lemas que han marcado su vida, a veces de forma consciente, otras de forma totalmente inconsciente. Lemas que en ocasiones han sido quienes eligieron a la autora y no al revés. Uno de esos lemas me parece muy interesante, y tiene que ver con el verbo «hacer». Es este: Je responderay. O sea, «Responderé».

Cuenta Blixen que este era el lema que tenía en su escudo la familia inglesa Finch-Hatton. Si habéis visto la película «Memoricas de África», o leído el libro «Lejos de África», o ambas cosas, enseguida vendrá a vuestra mente Robert Redford. Sí, es el lema de la familia de Denys Finch-Hatton, el gran amor de Karen Blixen en África.

Je responderay tiene mucho que ver con el verbo «estar». Porque implica un compromiso, algo que me comprometo a hacer y una actitud que me comprometo a adoptar: responderé, te responderé, no te dejaré con la palabra en la boca y la duda, estaré a tu lado, no te dejaré solo, haré lo que esté en mi mano. Dice Blixen que «la respuesta es algo más raro de lo que habitualmente se piensa. Hay mucha gente muy inteligente que no tienen respuesta alguna, de modo que cualquier conversación o correspondencia con ellos no es más que un doble monólogo«.

«Responderé» es el verbo «estar», actuando: estar a la altura, estar al lado de la verdad o de la justicia, o de la dignidad; estar comprometido; estar enamorado; estar dispuesto a la rendición de cuentas, a asumir la responsabilidad. Es un estar aquí y ahora y que, en este caso, se extiende al futuro: «Responderé». Es una promesa, porque viene del verbo latino spondere, y también una oferta, que además se reitera por el prefijo re-. Sin duda, un ejemplo del verbo «estar» en todo su esplendor, aunque también, seguramente, un ejemplo del verbo «ser», porque quizás el estar pueda fingirse en algún momento, pero el ser, no.

Sin medias tintas

Lo que más me gusta del verbo «estar» es que es un verbo completo, integral y en ese sentido, sincero. O estás o no estás. No se puede estar un poco. No es un verbo de medias tintas, y eso se agradece. Puede cambiar con el tiempo, claro, ahora estás, ahora no estás, pero cuando estás, es completamente y con todas las consecuencias. Y claro, cuando no estás, también.

Y a veces, simplemente, «estar» ya es mucho. No escaquearse, o estar junto a alguien, en silencio, sin necesidad de pronunciar palabra, dejando que los gestos, las miradas o el silencio hablen por ti. Ese «estar», en momentos así, lo llena todo.

Ser, estando… o estar, siendo

Llegados a este punto, pienso que «estar» es en realidad una parte fundamental de «ser», y no es, después de todo, un verbo tan casquivano (me encanta esta palabra) como me parecía al principio. Tiene fundamento, o puede tenerlo. Ser nos define en esencia, estar nos sitúa en este mundo. En Masonería nos referimos a esto con la frase: «estar en el lugar y sitio que nos corresponde».

El «ser» sería el sustrato, la tierra donde lo que está sembrado puede crecer si se prepara y se riega convenientemente. El «estar» podría ser la semilla que crece y se convierte en un hermoso árbol. Siempre necesitará la tierra de donde procede, pero podrá alzarse y extender sus ramas más allá, dando sombra y cobijo a otros seres, y a la vez, ayudado a nutrir la tierra donde se hunden sus raíces y las de todo.

La foto que ilustra esta entrada es un almendro en flor, de mi amiga Sonia Rotger.

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Avatar de yessicaRo yessicaRo dice:

    ¡Hola! Que increíble el contenido que nos brindas, espero que te encuentres muy bien. ✨Te invito a que pases a ver mi última publicación.
    https://yessicaro.wordpress.com/2022/02/27/resena-del-libro-el-sutil-arte-de-que-te-importe-un-caraj%f0%9f%92%a5-marck-manson/

    Me gusta

    1. Hola Yessicaro, gracias por pasarte por aquí. Me gusta que la gente pase por este blog a ver si le interesa algo, y si es así, leerlo. Y me gusta que dejen un comentario sobre lo que han leído, porque eso enriquece la entrada y nos enriquece a todos. Pero si se trata de pasar a poner «likes» de compromiso para acabar dejando un enlace a tu blog, sin ninguna relación con nada de lo que se puede leer aquí, sinceramente prefiero que no lo hagas. Esto tiene sentido si compartimos, no si simplemente buscas clics a tu blog.
      Espero que lo entiendas, se trata de etiqueta, que también es importante en internet, tanto en las redes sociales como en blogs como este.
      No borraré tu comentario, pero sí que borraré los que dejes a partir de ahora con la misma intención que este. Un saludo,

      Me gusta

Replica a esthermascaro Cancelar la respuesta