La carta 0 del Tarot de Marsella se llama «Le Mat» o «Le Fou», el Loco. Es la primera carta de esos arcanos mayores, pero en realidad, no lleva el número 1 sino el 0. Por lo tanto, puede ir al principio y al final, o en cualquier otra posición al lado de cualquiera de las otras 21 cartas. En un orden numérico estricto, la carta del Loco se sale de la fila y puede ubicarse donde sea, seguramente porque si entendemos el Tarot como un mapa de viaje, el Loco es el sujeto que inicia el viaje y se deja penetrar por las experiencias que conlleva.
Ya hablamos de él en la entrada llamada «Reivindicando la inocencia«. Decíamos entonces de este personaje que camina despreocupado por el mundo, sin más equipaje que un hatillo a la espalda, un bastón en el que apoyarse, y por compañía, solamente, un perrillo juguetón.
La inocencia
Es ese mismo personaje del que hablábamos aludiendo a la inocencia, el pánfilo (viene del griego y quiere decir bondadoso. Pánfilo, literalmente, es «el amigo de todos», pan + filo), el bonachón, el inocente, el cándido, el tonto del pueblo o de la clase, ese que parece vivir en las nubes, que no se ocupa en las cosas de este mundo, que sonríe ante el vuelo de una mariposa y no le preocupa que el perrillo de la carta le vaya rompiendo los pantalones mientras caminan. A la vez, ese perrillo parece su motor, la fuerza que le empuja a seguir, jugando y contemplando la naturaleza a su alrededor.
Empieza su viaje con muy poco, no sabemos por dónde pasará, qué cosas podrá aprender, cómo esas cosas le cambiarán, a qué le dará importancia y a qué no. Le vemos decidido, ligero de equipaje, parece que sin un objetivo concreto, quizá solamente por el gusto de viajar, porque quedarse inmóvil es contrario a su naturaleza. No lleva mapa, ni GPS, no lleva maletas, ni un vehículo que le transporte… con sus propios medios, con lo que es, inicia un viaje para el que no parece necesitar nada más.
Podemos intuir que terminará el viaje con muy poco, como lo empezó. Lleva consigo todo lo que es suyo al empezar, y cuando termine su viaje no se llevará nada material de lo que haya tenido a mano. Solo lo que realmente vale la pena asumir y conservar, lo que haya visto, escuchado, olido, disfrutado, aprendido… y todos sabemos que nada de ello es material.
La alegría
Le define la alegría, igual que al perrillo que le acompaña, el gusto por pisar nuevos caminos sin preocuparse ni tener miedo, sin desconfiar. No necesita estar a la defensiva ni necesita atacar a nadie para demostrar nada. Todos los seres con los que se cruce, sean personas, animales o plantas, recibirán de él admiración, o amabilidad, o ayuda, no parece dispuesto a hacerle daño a nadie y ningún fin parece que justifique, para él, unos medios contrarios a la delicadeza y la consideración.
Simple, humilde, agradecido por los rayos de un Sol que iluminan a todos por igual, sin hacer preguntas ni tener preferencias; satisfecho por unas noches serenas y estrelladas, frugal en la comida, moderado al beber el agua que los riachuelos ponen a su alcance y que debe calmar la sed de todos… pasa sus días admirado por las puestas de sol, caminando, eligiendo en las encrucijadas según la señal del canto de un pájaro o la dirección de una nube.
El Loco es como una semilla, o como una levadura… algo pequeño e insignificante que puede crecer hasta convertirse en un baobab, en algo que dé cobijo y sustento a muchos más.
La verdad
Dice la verdad, no se esconde detrás de artificios ni máscaras, dice lo que piensa aunque eso le cueste las amistades… al menos, las amistades que no son dignas de este nombre. Su pensamiento es limpio, no ve mal en los demás porque él mismo no lo lleva dentro, vive cercano a la naturaleza y conoce sus secretos porque la contempla, respeta sus tiempos, colabora con ella y nunca la violenta.
Habla poco, pero siempre está atento a su alrededor, a veces habla consigo mismo, o con el perrillo, o con una flor del camino… como escribió Antonio Machado, «quien habla solo espera hablar a Dios un día». Y en ello está nuestro personaje.
Está contento porque está vivo y lo sabe, porque respirar, despertarse cada día, disponer de lo básico para vivir y no tener más necesidades le hace rico y feliz. No le preocupa el pasado ni teme al futuro, no guarda rencor, ni se acuerda de las afrentas y las burlas. No sabe lo que es el éxito y por lo tanto, también ignora lo que es el fracaso. Y no ha leído a Rudyard Kipling. No necesita la sabiduría de muchos libros, porque la lleva en su ADN.
Sin miedo
No molesta, no destruye, no acumula, no ambiciona, no grita, no envidia…, no tiene acciones ni intereses, no puede perder mucho, por lo tanto, no le tiene miedo a nada. La vida y la muerte, a la que ha visto por el camino, son igualmente naturales para él. No entiende el sufrimiento de los inocentes, pero sabe que hay cosas en este mundo que desconocemos, respuestas que ignoramos, verdades a las que no podemos llegar. Por eso mira, se compadece, intenta ayudar si puede, y sigue su camino con la sensación de que hay una razón y un orden en todo, aunque él desconozca el por qué y el para qué.
Para él, y para otros como él, fue dicho eso de: «Felices los pobres en el Espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos». No es un desgraciado, sino todo lo contrario. Es el heredero de un reino mágico que busca el camino de vuelta a casa.
Cada uno de nosotros
Pues bien, esta carta 0, este Loco, somos nosotros lanzados a este mundo. Sus armas son las nuestras, su actitud podría ser la nuestra, tenemos lo mismo que él tiene y su ejemplo podría ayudarnos a mirar, a valorar, a decidir, a elegir… Nos representa a cada uno de nosotros iniciando el viaje de la vida, en el que tendremos que sufrir pruebas y aprender verdades. Pero no las verdades crueles e interesadas del mundo que hemos construido, sino las verdades esenciales de la vida y la naturaleza.
