Sobre los sufis

«El Tao que se puede explicar no es el Tao». Seguro que habéis leído o escuchado esta frase, y si habéis leído el «Tao Te King» de Lao Tsé, como se llaman en castellano, sabréis de lo que os hablo. Bien, pues el sufismo es algo parecido. Y es lógico, porque es difícil hablar de la verdad esotérica, escondida, explicándola. Lo que se puede explicar sin problemas con palabras, difícilmente sea esa verdad, la realidad escondida a nuestros ojos pero que podemos descubrir, quitarle el velo, si nos lo proponemos y trabajamos para ello.

La realidad

Mucha gente piensa que el sufismo es la corriente mística del Islam. Pero no es exactamente así, porque los sufis ya existían antes del Islam y además, su misticismo no es un fin sino un medio. Pero ser musulmán no es un requisito para ser sufi, cosa totalmente lógica, igual que para ser masón no es requisito ser cristiano. El Islam, como el catolicismo, el hinduismo y las religiones organizadas en general, tienen todas un sustrato de verdad, una corriente que las interpenetra y relaciona, porque es lo que las origina y les da validez, aunque luego el fondo se pierda y quede solo la forma.

Bien, pues el sufismo, como la Masonería y otras pocas escuelas iniciáticas, se alimentan de esa misma verdad escondida, son esa verdad escondida, esotérica, y su misión es acercarse a ella, conocerla, estudiarla y transmitir esos conocimientos, pero sin la estructura del pesado edificio que se ha construido encima y que inevitablemente aleja a las confesiones religiosas de esa verdad primigenia.

Como el esoterismo cristiano o la Masonería, el sufismo prescinde en sus estudios del mundo exterior, el sufi debe seguir un camino, acercarse a la verdad, identificarla y aprehenderla, para que esa verdad fructifique en su interior, le haga un ser más perfecto no en el sentido de un místico que elige el contacto don Dios y se aleja del mundo, sino precisamente en el sentido de seguir viviendo en el mundo pero desde otra dimensión espiritual y vital.

Un texto de Rumi explica de forma bellísima y clarificadora lo que es el sufismo:

«Únete a la comunidad, sé como ellos y contempla el gozo de la vida real. Pasea por la calle en ruinas y contempla a los desdichados (propietarios de las «casas en ruinas»). Bebe la copa del sentimiento, para no sentir vergüenza (dependencia de sí mismo). Cierra ambos ojos para que puedas ver con el ojo interno. Abre los dos brazos de tu ser si buscar un abrazo. Destruye el ídolo de barro para poder ver el rostro de los ídolos. ¿Por qué aceptar tan espléndida dote por una vieja, y por tres panes la servidumbre militar?

El amigo vuelve por la noche; esta noche no bebas: cierra tu boca a la comida para ganar la comida de la boca. Únete a la asamblea del bondadoso Portador de la Copa, súmate al Círculo. ¿Por cuánto tiempo darás vueltas a su alrededor? Se te hace un ofrecimiento: abandona una vida, gana la bondad del Pastor… Deja de pensar, como no sea en el creador del pensamiento; pensar en la «vida» es mejor que pensar en el pan. En la amplitud de la tierra de Dios, ¿por qué te has dormido en una prisión? Abandona los pensamientos complicados, para ver la respuesta oculta. Silencia tus palabras para obtener las palabras eternas. Deja de lado la «vida» y el «mundo» para ver la Vida y el Mundo».

«El Diván de Shams de Tabriz», Jalaluddin Rumi

Jalaluddin Rumi nació en Bactria, actual Afganistán, a principios del siglo XIII y es uno de los grandes maestros sufis, conocido también como poeta, porque utiliza la poesía para diseminar el conocimiento. Estas palabras que habéis leído podría firmarlas por ejemplo Louis Cattiaux, autor de «El mensaje reencontrado» y representante del cristianismo esotérico. O también cualquiera de los maestros del hinduismo advaita… simplemente porque son palabras de verdad.

Dando un rodeo

Pero precisamente por eso, los sufis utilizan la poesía, las metáforas, el humor, los aforismos, las historias curiosas o divertidas para llevar las verdades escondidas hasta la mente de quien está preparado para intuirlas y recibirlas. Los Evangelios dejan muy claro que Jesús hablaba en parábolas con el mismo objetivo.

Este fragmento procede de un libro de Rumi y lo he encontrado en «Los sufis», de Idries Sha (editorial Kairós), y que os recomiendo.

El mismo Idries Sha ofrece una explicación de este texto de Rumi. Dice así:

«Aunque la realidad de la esencia sufi no puede ser valorada por los criterios más limitados del pensamiento discursivo, es posible ver este poema como una recopilación de los factores sobresalientes del método de Rumi. Fomenta una comunidad dedicada a percibir la realidad, de la cual la realidad aparente es solo un sustituto. Este conocimiento se alcanza a través del contacto con los demás, de la participación en la actividad común y también de la actividad y el pensamiento personales.

Lo verdaderamente fundamental solo se alcanza cuando ciertas pautas del pensamiento han sido reducidas a su perspectiva correcta. El Aspirante (a sufi) debe «abrir sus brazos» a un abrazo, y no esperar que le den algo mientras se prepara pasivamente para recibirlo.

La «vieja» es el conjunto de experiencias mundanas, reflejos de una realidad última que apenas puede compararse con lo que parece ser la verdad. Por los «tres panes» de la vida cotidiana, la gente vende su potencialidad.

El amigo viene por la noche, es decir, viene cuando reina el silencio y cuando el individuo no está drogado por la mentalidad automática. La comida que es un alimento especial del sufi no es lo mismo que la comida ordinaria, pero es una parte esencial de la nutrición humana. La humanidad gira alrededor de la realidad, en un sistema que no es el verdadero. Debe entrar en el círculo en lugar de seguir su perímetro.

La relación de la verdadera conciencia con lo que tomamos por conciencia, es lo mismo que la relación de cien vidas con una sola. Ciertas características de la vida tal como la conocemos -las destructoras y egoístas, todas las que son barreras para el progreso-, han de ser superadas por factores benignos.

El pensamiento, no la mentalidad encauzada, es el método. El pensamiento ha de abarcar toda la vida, y no solo pequeños aspectos de ella. El hombre es como alguien que tiene la opción de atravesar la tierra, pero se ha quedado dormido en una prisión. Las complicaciones del intelectualismo equivocado ocultan la verdad. El silencio es el preludio de la palabra, de la palabra real. La vida interna del mundo solo se alcanza ignorando la fragmentación que suponen «vida» y «mundo».

Los sufis pretenden liberar el pensamiento. Es un punto de partida esencial que a veces se confunde por ejemplo en la Masonería, donde muchos creen que son librepensadores por el hecho de entrar en ella y no entienden que la liberación del pensamiento solo viene después, con el trabajo y el progreso del iniciado.

No ser de este mundo, en el mundo

Me gusta la forma que tienen los sufis de «dejar de ser de este mundo» pero teniendo claro que no se puede no vivir en este mundo. Esto me recuerda un diálogo que leí escrito por un maestro advaita (esta palabra quiere decir no-dual), donde dos iniciados aspiraban a la iluminación, que es la liberación suprema y la reunión de la propia conciencia con la Conciencia universal. Cada día se encontraban por la calle yendo a buscar agua, y se preguntaban por sus avances, pero ambos veían lejos su meta. Un día, yendo a buscar agua, uno de ellos le dijo al otro: «Esta noche he recibido la iluminación». El otro celebró la noticia, y le preguntó: «Y ahora, ¿qué vas a hacer?». El primero respondió: «Pues seguir yendo a buscar agua cada día». Ese es el sentido del sufismo, y también el de la Masonería cuando deja claro que el iniciado debe construir en el mundo lo que ha aprendido en la Logia. De lo contrario, el aprendizaje iniciático no tendría sentido.

Y para terminar por hoy con el sufismo, otra frase esclarecedora de Idries Sha:

«La unión de la mente y la intuición, que produce la iluminación y el desarrollo que buscan los sufis, se basa en el amor, siempre en el amor».

Y es que después de todo, como dijo Francisco de Asís, quien de esto sabía mucho, «el amor es la respuesta a todas las preguntas».

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